No todo perjuicio se traduce automáticamente en una demanda conveniente. Antes de accionar, es necesario revisar responsabilidad, causalidad, prueba y viabilidad económica.
La calidad de la evidencia —documental, testimonial o pericial— suele ser determinante para sostener una pretensión indemnizatoria sólida.
Una evaluación seria permite decidir si conviene demandar, negociar o fortalecer primero el respaldo probatorio del caso.